Celulosa y bioeconomía forestal en el Cono Sur. Y Galicia?.

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Celulosa y bioeconomía forestal en el Cono Sur: la estrategia de Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina y las lecciones para Galicia

La celulosa ya no puede analizarse solo como una materia prima industrial. Tampoco basta con hablar de fábricas, toneladas anuales o ciclos de precio. Lo que está ocurriendo en el Cono Sur va más allá: Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina están avanzando hacia un nuevo modelo de desarrollo forestal, donde la madera deja de ser simplemente madera y se convierte en la base de una plataforma industrial mucho más amplia.

La reflexión de Gilson Martins, inspirada en una publicación de Mais Floresta, apunta precisamente a esa idea, el Cono Sur está dejando de competir país por país para convertirse en uno de los grandes polos globales de bioeconomía forestal. No hablamos solo de celulosa. Hablamos de fibras textiles celulósicas, bioquímicos, lignina de alto valor añadido, energía renovable, combustibles sostenibles, captura de CO₂, hidrógeno bajo en carbono y nuevos materiales de origen vegetal.

La pregunta para Galicia es inevitable: si esa es la dirección del mundo forestal, ¿qué papel queremos jugar nosotros en los próximos 10, 20 o 30 años?

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De fabricar celulosa a construir ecosistemas forestales industriales

Una de las ideas más interesantes de Gilson Martins es que la escala ya no se mide solo en toneladas por año. La escala real está en la capacidad de transformar un territorio en un ecosistema productivo. Es decir, una planta de celulosa moderna no es solo una fábrica, es monte gestionado, logística, puertos, energía, proveedores locales, ingeniería, universidades, empleo cualificado, cultura industrial, servicios técnicos y planificación a largo plazo.

En otra de sus publicaciones, Martins insiste en que los grandes proyectos del Cono Sur solo se consolidan cuando consiguen reducir la fricción entre la decisión estratégica y el trabajo real en planta, en monte y en territorio. Es una visión muy práctica, de poco sirve anunciar grandes inversiones si luego fallan los permisos, la logística, el suministro de madera, la formación laboral, la aceptación social o la conexión entre empresa, Administración y comunidad.

Ese enfoque debería interesar mucho en Galicia. Aquí tenemos madera, experiencia forestal, propietarios, rematantes, industria, puertos y conocimiento técnico. Pero seguimos sufriendo minifundio, exceso de trámites, discursos sociales muy polarizados y una dificultad crónica para explicar que el monte productivo no es enemigo de la sostenibilidad, sino una condición necesaria para que haya gestión, renta rural y prevención del abandono.

Brasil: escala, eucalipto, logística y disciplina de capital

Brasil es hoy el gran espejo mundial de la celulosa de eucalipto. La publicación de Mais Floresta destaca que cinco grandes empresas —Arauco, Suzano, CMPC, Bracell y Klabin— han anunciado planes que suman aproximadamente 105.000 millones de reales (20.000 millones €) en inversiones hasta 2028, incluyendo nuevas fábricas, ampliaciones industriales y proyectos en fase de licenciamiento ambiental. El movimiento se apoya en tres factores muy claros, alta productividad de las plantaciones, escala industrial y competitividad logística.

Mato Grosso do Sul se ha convertido en uno de los grandes centros mundiales de la celulosa. La nueva unidad de Suzano en Ribas do Rio Pardo, dentro del Proyecto Cerrado, se señala como una de las mayores líneas únicas de producción de celulosa del mundo, con unos 2,55 millones de toneladas anuales de capacidad.

Arauco, por su parte, ha iniciado en Brasil el Proyecto Sucuriú, con una inversión prevista de 4.600 millones de dólares y una capacidad estimada de 3,5 millones de toneladas anuales de celulosa de fibra corta. IDB Invest señala que la planta se abastecerá de unas 400.000 hectáreas de plantaciones sostenibles de eucalipto y que el proyecto incorpora infraestructuras, gestión forestal, energía renovable, reutilización de agua, eficiencia energética y reducción de emisiones.

La estrategia brasileña es clara, no competir con complejos pequeños y dispersos, sino con plataformas integradas de gran escala. Monte, industria, logística, financiación y exportación forman parte del mismo sistema. Ese modelo exige capital, visión de ciclo y disciplina. El propio Gilson Martins lo resume muy bien cuando advierte que en celulosa el conflicto real no es “Suzano contra los demás”, sino “el ciclo contra los desequilibrados”: sobreviven mejor quienes tienen escala, eficiencia, acceso a capital y capacidad para aguantar las fases malas del mercado.

Para Galicia, la enseñanza no es copiar el tamaño brasileño, porque no tenemos ni su base territorial ni su estructura de propiedad. La enseñanza es otra: sin eficiencia, sin logística, sin gestión profesional y sin industria conectada al monte, el sector se debilita.

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Uruguay: estabilidad institucional y cadena forestal madura

Uruguay ofrece una lección distinta. No tiene la escala territorial de Brasil, pero sí ha construido una reputación fuerte en estabilidad, seguridad jurídica y planificación forestal. El caso de UPM Paso de los Toros es significativo, una inversión total de 3.470 millones de dólares, incluyendo planta, terminal portuaria e infraestructuras locales, con una capacidad de 2,1 millones de toneladas anuales de celulosa de eucalipto.

La misma fuente indica que la cadena de valor de UPM en Uruguay —plantaciones, fábricas de Fray Bentos y Paso de los Toros y logística asociada— genera alrededor de 7.000 empleos directos y 10.000 inducidos.

Montes del Plata, por su parte, reforzó el modelo uruguayo de integración entre plantaciones, puerto, fábrica, biomasa y exportación. El BID describió el proyecto como una instalación con 1,3 millones de toneladas anuales de capacidad y una unidad de generación eléctrica con biomasa de 160 MW, además de terminal fluvial, astillado y logística asociada.

La clave uruguaya está en la confianza. Los grandes proyectos forestales no se deciden para dos años, sino para varias décadas. Quien planta hoy está pensando en industria, exportación y territorio a largo plazo. Y eso solo funciona si hay reglas claras.

Galicia necesita precisamente eso, estabilidad normativa, seguridad jurídica para el inversor/propietario, planificación realista y una visión menos emocional y más económica del monte. Sin confianza no hay inversión. Sin inversión no hay gestión. Y sin gestión, el monte se abandona.

Paraguay: la nueva frontera forestal del Cono Sur

Paraguay aparece como una nueva frontera. El proyecto Paracel es especialmente interesante porque no se presenta solo como una fábrica de celulosa, sino como el primer gran hub industrial forestal del país. IDB Invest aprobó hasta 165 millones de dólares para apoyar infraestructuras clave del proyecto, entre ellas puerto, terminal fluvial, líneas eléctricas, caminos y logística. La entidad prevé que el proyecto genere unos 7.000 empleos directos e indirectos.

La dimensión territorial también es relevante. Según IDB Invest, Paracel posee más de 203.000 hectáreas y ha plantado más de 90 millones de árboles, con una base forestal certificada bajo estándares internacionales.

Además, Paracel ha firmado un acuerdo estratégico con Sudati, que prevé una inversión de 215 millones de dólares, más de 2.000 empleos directos e indirectos y la plantación conjunta de más de 30.000 hectáreas adicionales.

La lectura es clara, Paraguay no quiere limitarse a exportar madera o fibra. Quiere crear un ecosistema industrial alrededor del recurso forestal. Es decir, convertir plantaciones en empleo, infraestructura, industria auxiliar, exportación y desarrollo regional.

En Galicia deberíamos observar este punto con atención. Muchas veces hablamos del monte como si fuese un problema. Otros territorios lo están tratando como una plataforma de desarrollo.

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Argentina: fibra larga, pino y celulosa fluff

Argentina vuelve al radar internacional con ARPULP y el Proyecto Ituzaingó, en Corrientes. Según la información publicada por Infobae, el proyecto prevé una inversión de 2.000 millones de dólares, una planta de celulosa fluff con capacidad anual de 800.000 toneladas y la creación estimada de 13.000 empleos directos e indirectos.

La diferencia argentina es interesante porque no se centra en eucalipto de fibra corta, sino en celulosa fluff de fibra larga procedente de pino, orientada a productos sanitarios, pañales, higiene femenina, incontinencia y otros usos absorbentes.

Este punto es importante para Galicia porque demuestra que la bioeconomía forestal no es una única cadena. Hay espacio para eucalipto, para pino, para celulosa soluble, para fibra textil, para embalaje, para tablero, para madera estructural, para biomasa y para productos químicos de origen forestal. El futuro no será de una sola especie ni de un solo producto, sino de territorios capaces de ordenar sus recursos y colocarlos en el uso industrial más inteligente.

¿Y Galicia? Una potencia forestal que debe mirar al 2050

Galicia ya tiene una base forestal que muchos territorios querrían. La Axencia Galega da Industria Forestal señala que la cadena forestal-madera gallega supera las 3.300 empresas, representa el 1,7% del PIB gallego y facturó cerca de 2.500 millones de euros en 2025. También indica que Galicia aprovechó casi 11 millones de metros cúbicos de madera, más del 50% de toda la madera aprovechada en España.

No partimos de cero. Tenemos monte, eucalipto, pino, industria, puertos, conocimiento, rematantes, propietarios y empresas de servicios. Pero si queremos ser relevantes en la bioeconomía forestal de los próximos 10 o 20 años, Galicia necesita fortalecer varias líneas estratégicas.

Plantación eucalipto
Plantación eucalipto

1. Ordenar el territorio y reducir el minifundio operativo

El primer reto es la gestión. No basta con tener superficie forestal si esa superficie está fragmentada, abandonada o gestionada de forma irregular. La escala gallega no puede ser la escala brasileña, pero sí puede ser una escala agrupada, profesional y eficiente.

La agrupación de propietarios, los contratos de gestión, las comunidades de montes bien gestionadas, las sociedades forestales y los instrumentos de movilización de tierra deben dejar de ser una promesa administrativa y convertirse en herramientas normales de mercado.

El propietario forestal tiene que ver seguridad, rentabilidad y respeto a su derecho de propiedad. Si solo ve prohibiciones, miedo y burocracia, no invertirá.

2. Defender el eucalipto productivo, pero bien gestionado

Galicia no puede renunciar alegremente al eucalipto. Sería un error económico y también territorial. El eucalipto es una de las especies que permite generar renta en muchas zonas rurales donde otras alternativas simplemente no existen o no son viables con los costes actuales.

Eso no significa plantar de cualquier manera ni en cualquier sitio. Significa ordenar, cumplir distancias, proteger cauces, conservar frondosas donde correspondan, crear discontinuidades, mejorar pistas, certificar madera y aplicar selvicultura profesional.

El debate serio no es “eucalipto sí o no”. El debate serio es dónde, cómo, con qué gestión, con qué biodiversidad asociada y con qué industria transformadora detrás.

3. Subir en la cadena de valor

Galicia no puede limitarse a vender madera en rollo. La gran lección del Cono Sur es que el valor aparece cuando el territorio transforma. Celulosa, fibras textiles celulósicas, lignina, bioquímicos, tableros avanzados, construcción en madera, embalajes renovables y biomateriales deben formar parte del debate.

Si el mundo demanda materiales renovables, Galicia no puede quedarse discutiendo como si el monte fuese un estorbo. El monte bien gestionado es una materia prima estratégica para una economía baja en carbono.

4. Conectar monte, industria, puertos y energía

Una bioeconomía forestal seria necesita logística. En Galicia, los puertos de Ferrol, A Coruña, Marín, Vigo o Ribadeo pueden jugar un papel relevante según productos y mercados. También la red de transporte interior, los parques de madera, la maquinaria forestal y la planificación de cortas.

La industria forestal del futuro será cada vez más intensiva en energía, datos, trazabilidad y eficiencia. La biomasa, la cogeneración, los excedentes energéticos y la valorización de subproductos deben integrarse en la estrategia.

5. Ganar la batalla cultural del monte productivo

Galicia tiene un problema de relato. Durante demasiados años se ha instalado la idea de que producir en el monte es sospechoso, mientras que abandonar parece ambientalmente neutro. No lo es.

El abandono acumula combustible, destruye rentas, rompe cadenas de oficio, favorece incendios y aleja a la población joven del rural. Un monte sin gestión no es automáticamente más biodiverso ni más seguro. Muchas veces es simplemente un monte sin proyecto.

Hay que explicar mejor que producción, sostenibilidad y biodiversidad no son conceptos enemigos. Un mosaico forestal con eucalipto productivo, pino, frondosas, riberas protegidas, pastos, zonas de conservación y gestión activa puede ser mucho más útil para Galicia que un territorio abandonado y convertido en combustible.

La ventana de oportunidad

Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina están moviéndose. Cada uno con sus fortalezas. Brasil juega a escala mundial. Uruguay juega a estabilidad y confianza. Paraguay quiere construir una nueva frontera industrial. Argentina busca entrar en productos de mayor valor añadido como la celulosa fluff.

En Galicia debemos encontrar nuestro propio camino. No será el de las macroextensiones brasileñas ni el de las grandes plantaciones continuas del Cono Sur. Nuestro camino debe ser el de una potencia forestal atlántica, con propiedad privada, minifundio corregido mediante gestión conjunta, eucalipto de alta productividad donde sea adecuado, pino mejorado, frondosas con función ambiental y paisajística, industria cercana y una cadena monte-industria capaz de generar empleo rural.

La bioeconomía forestal no va a esperar a Galicia. Ya está ocurriendo. La cuestión es si queremos participar con ambición o seguir atrapados en un debate viejo.

El futuro del monte gallego no se juega entre producir o conservar. Se juega entre gestionar o abandonar. Y si Galicia quiere tener sitio en la economía forestal de 2050, tendrá que defender sin complejos una idea sencilla: el monte productivo, ordenado y sostenible es una de las mejores oportunidades de desarrollo rural que tenemos.

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