ENCE, eucalipto y franquismo: hechos, medias verdades y mitos

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ENCE, eucalipto y franquismo en Galicia: hechos, medias verdades y mitos de una infografía

Circula una infografía titulada Así se gestó el gran negocio de la celulosa en España”. Franco, ENCE, incendios, eucaliptos, políticos, subvenciones, la familia Arregui y hasta Vegalsa-Eroski aparecen unidos mediante flechas que terminan en una conclusión rotunda: captura del Estado, beneficios privados y daños ambientales para siempre.

El problema es que NO todo lo que cuenta es falso. Y precisamente por eso resulta convincente.

La técnica es bastante más eficaz que inventarse una historia completa, se toman algunos hechos ciertos, se añaden medias verdades, se introducen afirmaciones que no se documentan y finalmente se conectan todas mediante relaciones de causa y efecto que la propia infografía da por demostradas.

Hemos contrastado sus principales afirmaciones con la tesis de José Miguel Alonso Boo, Sobre la mala prensa del eucalipto en Galicia, la investigación sociológica de Jesús Adolfo Lage Picos, La construcción social del bosque y la cultura forestal en Galicia, documentación de CNMV y Tribunal de Cuentas y algunos trabajos científicos posteriores.

El resultado es bastante más interesante que el dibujo.

Lo que sí es cierto sobre ENCE

ENCE nació como empresa pública

Aquí no hay discusión.

ENCE se constituyó en 1968 mediante la fusión de tres compañías de titularidad pública creadas por el Instituto Nacional de Industria en 1957. La política industrial del franquismo impulsó la producción española de pasta y papel y la repoblación forestal.

Pero aparece inmediatamente un dato que no encaja demasiado bien en la historia que pretende contar la infografía.

La fábrica de Pontevedra no nació para consumir eucalipto. Nació para producir pasta de pino.

Así lo dice el propio folleto de privatización registrado en la CNMV. La planta de Huelva fue concebida para eucalipto y la de Pontevedra para pino. La transformación progresiva hacia el eucalipto se produjo después, concentrándose en esta materia prima desde comienzos de los años ochenta.

La sencilla cadena “Franco planta eucaliptos → crea ENCE → ENCE consume esos eucaliptos” empieza, por tanto, con un problema histórico.

ENCE fue privatizada en 2001

También es cierto.

En 2001 SEPI vendió aproximadamente un 26% del capital mediante una Oferta Pública de Venta y adjudicó otro 25% mediante procedimiento restringido a un grupo estable de accionistas.

Lo que ya no puede presentarse como hecho es que ENCE fuese vendida “a precio de saldo”.

El Tribunal de Cuentas señala que SEPI ingresó 225,5 millones de euros por su participación y contabilizó un beneficio de 134,38 millones en la privatización.

Eso no demuestra que el Estado obtuviese el máximo precio posible. Para afirmarlo sería necesaria una valoración de la compañía en aquel momento. Pero tampoco permite sostener que se vendió “a precio de saldo” simplemente porque queda bien escrito dentro de un recuadro.

Quien quiera demostrarlo tendrá que aportar la valoración.

Primera media verdad: Franco llenó Galicia de eucaliptos

Este es uno de los puntos donde la simplificación histórica es mayor.

El franquismo desarrolló una política forestal fuertemente intervencionista y realizó grandes repoblaciones. Eso es cierto.

Lage Picos recuerda, sin embargo, que en 1947 Galicia tenía unas 353.819 hectáreas arboladas y que el 86,6% eran coníferas, fundamentalmente pino pinaster. En 1959 el arbolado había aumentado fuertemente, pero las repoblaciones realizadas directamente por el Estado representaban aproximadamente el 21% de la superficie arbolada contabilizada. El propio Lage atribuye el cambio del paisaje también a la regeneración natural, al abandono de los usos agrarios tradicionales y a la iniciativa particular.

Alonso Boo aporta otro dato todavía más significativo. Recogiendo los cálculos publicados por Miguel Ángel Cogolludo Agustín, señala que el Patrimonio Forestal del Estado utilizó el eucalipto únicamente en alrededor del 4% de sus repoblaciones y estima que aproximadamente el 80% del eucalipto plantado en Galicia lo fue en propiedad privada.

Por tanto, una cosa es afirmar que el Estado franquista impulsó la forestación y otra muy distinta que fuese el Estado quien cubrió Galicia de eucaliptos.

Se están confundiendo dos historias diferentes: la de la política pública de repoblación y la posterior expansión de un cultivo forestal que miles de propietarios adoptaron porque encontraron en él rentabilidad y mercado.

 

Segunda falsedad: del Estado directamente a los Arregui

La infografía vuelve a construir una flecha demasiado rápida.

En la privatización de 2001 el 25% menos una acción adjudicado al grupo estable fue a parar a un consorcio formado por Caixa Galicia, Banco Zaragozano y Bankinter. La documentación de la CNMV incluso detalla el reparto: aproximadamente 12% para la filial de Caixa Galicia y 6,5% para cada uno de los otros dos grupos.

Por tanto, ENCE no pasó directamente “del Estado a los Arregui”.

Juan Luis Arregui se convirtió posteriormente en el principal accionista de referencia. A 30 de junio de 2026, Retos Operativos XXI/Juan Luis Arregui mantiene el 29,44% de ENCE. Es una participación muy relevante, pero tampoco equivale a poseer la totalidad de la compañía.

Más llamativo todavía es que la infografía vincule visualmente a los Arregui con Vegalsa-Eroski. La documentación corporativa de Eroski dice otra cosa: Vegalsa-Eroski pertenece al 50% a la familia González y al 50% al Grupo Eroski.

Eso ya no es interpretación. Es simplemente un error.

Las puertas giratorias sí merecen debate

Existen casos reales de antiguos responsables públicos que posteriormente ocuparon cargos en ENCE.

José Carlos del Álamo fue director general de Montes y Medio Ambiente Natural de la Xunta entre 1990 y 1996 y conselleiro de Medio Ambiente entre 1997 y 2003. En 2009 aparece como consejero independiente de ENCE.

También Isabel Tocino, antigua ministra de Medio Ambiente, fue posteriormente consejera de la compañía.

Eso permite hablar legítimamente de puertas giratorias y discutir si el sistema debería establecer mayores incompatibilidades.

Lo que no demuestra por sí solo es corrupción, trato de favor o captura del Estado. Para demostrar esas acusaciones habría que identificar decisiones administrativas concretas, quién las adoptó, qué ventaja extraordinaria obtuvo la compañía y cuál fue el conflicto de interés.

La flecha no sustituye a la prueba.

Dominio público, subvenciones y “leyes a medida”

La fábrica de Pontevedra ocupa dominio público marítimo-terrestre mediante una concesión administrativa. No significa que el Estado haya regalado la propiedad del suelo a ENCE.

De hecho, la legalidad de la prórroga de la concesión acabó llegando al Tribunal Supremo, que en 2023 estimó el recurso de ENCE y la avaló.

Algo parecido ocurre con expresiones como “exenciones fiscales”, “precios de agua y energía a medida” o “legislación hecha a la carta”.

Pueden investigarse. Incluso podrían encontrarse ayudas públicas concretas, como sucede con multitud de industrias. Pero si se formula una acusación de trato privilegiado hay que indicar qué impuesto, qué tarifa, qué subvención, qué norma y qué cantidad.

La infografía no lo hace.

El bloque ambiental: donde las medias verdades funcionan mejor

¿El eucalipto esteriliza la tierra?

Lage estudió precisamente esta creencia. En la Encuesta de Cultura Forestal de 1991, realizada a 2.570 personas, el 78% consideraba que las plantaciones de eucalipto empobrecían el suelo y el 66% creía que una tierra ocupada por eucaliptos no podía volver posteriormente a pastos o cultivos.

Los trabajos científicos que Lage manejó ofrecían una imagen muy diferente. Cita ensayos del Centro de Investigaciones Forestales de Lourizán en los que terrenos anteriormente ocupados por eucaliptos fueron convertidos nuevamente en pastos con producciones aceptables.

Esto no significa que una plantación forestal intensiva sea gratis desde el punto de vista edáfico. Se exporta biomasa y se extraen nutrientes. La fertilidad depende del suelo, de los turnos, de la extracción de restos y de la gestión.

Lo que no se sostiene es convertir ese proceso en “esterilización”, “desertificación” o daños para siempre.

¿Seca los ríos?

Aquí tampoco conviene responder a un absoluto con otro absoluto.

Un estudio realizado en una pequeña cuenca de Abegondo observó cambios en la hidrología durante la estación seca después de transformar pastos y cultivos forrajeros en una plantación de Eucalyptus globulus: descenso más rápido del nivel freático y reducción de los caudales bajos.

Por tanto, sería incorrecto decir que el eucalipto nunca puede afectar al agua.

Pero de ese resultado tampoco se deduce que el eucalipto seca los ríos de Galicia. El efecto depende del uso anterior del terreno, precipitación, suelo, densidad, edad de la masa y escala de la cuenca.

Eso se llama hidrología. Lo otro es un eslogan.

Biodiversidad e incendios

También existe evidencia de que una plantación de eucalipto posee menor riqueza de determinadas especies que un bosque caducifolio autóctono maduro. Un estudio realizado en el noroeste peninsular encontró menor riqueza de aves y plantas herbáceas en plantaciones de eucalipto que en bosques nativos.

Perfectamente razonable. Un cultivo forestal no es ecológicamente equivalente a una carballeira madura.

Pero queda una pregunta esencial: ¿comparado con qué?

No es lo mismo sustituir un bosque autóctono por eucalipto que transformar un antiguo pastizal, matorral abandonado o terreno agrícola. El punto de partida importa.

Con los incendios sucede algo parecido. Lage no niega que el eucalipto pueda favorecer el riesgo y la propagación bajo determinadas condiciones. Lo que rechaza es convertir una especie concreta en la causa principal de los incendios, fenómeno que relaciona con múltiples factores.

Mapa de lumes y mapa de eucalipto
Mapa de lumes y mapa de eucalipto

Lo más curioso: este relato ya existía en 1991

Quizá sea la parte más interesante de toda la historia.

Hace 35 años la Encuesta de Cultura Forestal ya preguntaba a los gallegos por prácticamente las mismas afirmaciones que aparecen hoy en esta infografía: que el eucalipto empobrece el suelo, consume demasiada agua, impide recuperar la tierra, provoca incendios o genera menos empleo.

Lage describió aquella representación social como extremadamente negativa y explicó cómo alrededor del árbol se había construido una clasificación casi moral entre especies “buenas” y “malas”.

Alonso Boo llegaría años después a una conclusión complementaria tras revisar miles de páginas de prensa entre 1975 y 2010. En su muestra, el 64% de las informaciones seleccionadas eran desfavorables al eucalipto o a las celulosas, con porcentajes mucho mayores durante determinados años de las décadas de 1970 y 1980.

La infografía parece nueva. Buena parte del relato no lo es.

Ni blanquear ENCE ni convertir una infografía en una investigación

ENCE tiene una historia ambiental conflictiva. La condena de 2002 por delito ecológico contra antiguos directivos de la compañía forma parte de esa historia y está documentada. Negarlo sería absurdo.

También hubo una política forestal intervencionista, conflictos por las repoblaciones, contaminación industrial histórica y casos reales de puertas giratorias.

Todo eso puede y debe estudiarse.

Pero una cosa es documentar esos hechos y otra construir con ellos una cadena en la que Franco planta los eucaliptos, ENCE recibe el territorio, después pasa a los Arregui, éstos aparecen vinculados a Vegalsa, el árbol seca Galicia, provoca los incendios y finalmente todo termina demostrando un “saqueo del territorio”.

Entre cada una de esas afirmaciones falta algo bastante importante: demostrar la relación causal.

Ese es, probablemente, el principal problema de esta infografía. No necesita inventar toda la historia. Le basta con escoger algunos hechos ciertos, añadir varias medias verdades y algún error objetivo y después poner flechas entre ellos.

Una flecha ocupa poco espacio.

La historia, la economía forestal y la ciencia necesitan bastante más.

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