Incendios forestales en Galicia. El estado de la cuestión(1)

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David M. J. S. Bowman, un destacado investigador australiano en pirogeografía y ecología del fuego, señaló que los incendios forestales en la Tierra son inevitables debido a la combinación de factores como la alta cantidad de biomasa rica en carbono, la presencia de oxígeno atmosférico y fuentes de ignición. Sin embargo, la extensión, ubicación y intensidad de estos incendios están influenciados por factores ambientales, siendo el clima el más importante. El clima afecta la producción de biomasa, la distribución de combustibles en el territorio y su sequedad, y también puede desencadenar incendios a través de descargas eléctricas atmosféricas. Bowman destacó que, a pesar de estos factores naturales, el ser humano es la única especie que influye en la localización y la intensidad de los incendios, ya que tiene la capacidad de modificar el combustible, introducir fuentes de ignición y tomar medidas para prevenir o combatir los incendios.

En un contexto más amplio de los incendios forestales, se planteó un enfoque particular que consideraba estos incendios como un problema principalmente biológico. Esto se basaba en la idea de «inflamabilidad» de la vegetación, es decir, su capacidad para iniciar y mantener una llama. Sin embargo, esta definición era demasiado simplista y no capturaba toda la variabilidad de la combustibilidad de las masas vegetales.

En resumen, Bowman argumentó que los incendios forestales son una parte natural de la Tierra debido a ciertos factores, pero el ser humano desempeña un papel importante en su ocurrencia y severidad. También se destacó un enfoque biológico que consideraba la inflamabilidad de la vegetación como un factor clave en la ecología del fuego.

Otra interpretación ampliamente difundida y que persiste hasta la actualidad se refiere a la hipótesis de R. W. Mutch (1970) sobre las consecuencias evolutivas de la inflamabilidad a nivel de comunidades vegetales. Según esta hipótesis, las comunidades vegetales que dependen del fuego para su propagación tienden a arder más fácilmente que aquellas que no dependen del fuego. Esto se debe a que la selección natural ha favorecido el desarrollo de características que las hacen más inflamables. Durante las décadas posteriores a su formulación, esta hipótesis fue ampliamente aceptada debido a su atractivo y porque proporcionaba una base evolutiva interesante para comprender la inflamabilidad de las comunidades vegetales. Sin embargo, en la actualidad, es objeto de críticas por varios autores, como R. R. Gagnon et al. (2010), que la consideran irreal y careciente de un respaldo tanto experimental como teórico suficiente.

En la actualidad, se ha consolidado una nueva teoría global sobre los incendios forestales, respaldada por información recopilada a escala planetaria sobre la extensión e intensidad de los incendios forestales, especialmente a través de datos proporcionados por imágenes de satélite. Esta teoría se enfoca en dos factores energéticos fundamentales que controlan el área quemada: el clima y el combustible. Estos dos factores muestran tendencias opuestas en relación con la productividad de la biomasa. En ambientes de baja productividad asociados a climas áridos, generalmente no se produce suficiente combustible, lo que limita los incendios. Por otro lado, en ambientes de alta productividad vinculados a climas más húmedos, la humedad del combustible, relacionada directamente con el clima, limita la extensión del incendio. Además, las características pirogénicas de los incendios están influenciadas por otros factores relacionados con el clima, como la topografía y, especialmente, el manejo al que se somete la masa forestal.

En resumen, la hipótesis sobre la inflamabilidad en las comunidades vegetales ha evolucionado y, en la actualidad, se presta más atención a la interacción entre el clima y el combustible como factores clave para comprender la extensión e intensidad de los incendios forestales.

En relación con los eucaliptos y su inflamabilidad, se han llevado a cabo estudios que destacan algunas de sus particularidades que pueden favorecer el desarrollo de incendios forestales. Estos estudios señalan que los eucaliptos emiten gases altamente combustibles, como los terpenos, que pueden activar las fases iniciales del fuego. Además, los eucaliptos pueden arrojar chispas incendiarias desde sus cortezas en combustión, lo que facilita la propagación del fuego a largas distancias, incluso varios kilómetros, especialmente cuando hay vientos fuertes. Estas características aumentan el riesgo asociado a los incendios en los bosques de eucaliptos. Sin embargo, a pesar de estas particularidades, el factor decisivo en la propagación de los incendios sigue siendo el combustible y su gestión.

La relación entre los eucaliptos y los incendios forestales tiene una larga historia en Australia, donde los eucaliptos son originarios. Esta relación se remonta a épocas muy antiguas, con evidencia de la adaptación de los eucaliptos al fuego que se remonta al Cretácico australiano, hace más de 50 millones de años. En ese período, se han encontrado fósiles de Eucalyptus con características que indican una adaptación temprana a los incendios forestales.

En España, al igual que en otros países del área mediterránea europea, el tema de los eucaliptos y los incendios forestales se inscribe en un contexto más amplio de la historia del fuego en los bosques. Esta problemática tiene una larga tradición en la historia española, y se remonta a actividades como el pastoreo y la roturación de tierras utilizadas por agricultores para mejorar la producción de pastos y cosechas. Con el tiempo, estas actividades llevaron al consumo del fuego en prados, matorrales, dehesas y bosques tradicionales, así como en plantaciones de robles y coníferas utilizadas por la Marina española.

Próximamente  Parte II.

Fuente  Eucaliptos en España, Profesor Francisco Diaz Fierros Viqueira

Sobre el autor  D. Francisco Diaz Fierros Viqueira

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