Nuevo escenario de la celulosa: por qué Galicia y Portugal no deben llegar tarde a la nueva guerra por la fibra de celulosa
Durante mucho tiempo, la celulosa se analizó como una commodity más. Un mercado cíclico, muy dependiente del papel, donde el volumen y el coste explicaban casi todo. Ese marco se está quedando pequeño. La conversación internacional ha cambiado: hoy la fibra se mira como un activo estratégico, no solo como una materia prima industrial. En el Valmet Pulp Customer Days 2026, en Suecia, la idea central fue precisamente esa, la madera se encarece, la geopolítica pesa más, China redefine el tablero y los nuevos usos de la fibra multiplican su valor potencial.
Lo importante no es solo que cambie el discurso. Lo importante es que ya están cambiando las decisiones de inversión. América Latina se está moviendo con rapidez, y lo hace con una lógica muy clara, asegurar madera, integrar cadena, ganar eficiencia y entrar en productos de mayor valor. Brasil, Chile y Uruguay no están actuando como si esto fuese una fase más del ciclo. Están actuando como si se estuviese definiendo la jerarquía industrial de la próxima década.

La celulosa ya no compite solo por precio
La primera señal del cambio es la más elemental, la madera pesa cada vez más en la ecuación. Un artículo que de Portal Celulose resume bien el giro, China añadió 10,5 millones de toneladas de capacidad doméstica de celulosa en solo cinco años, y hoy concentra el 43% de los embarques globales de celulosa y el 44% de la demanda mundial de BHKP. Además, sus importaciones ya no avanzan al ritmo anterior, entre 2010 y 2020 crecían a razón de 1,5 millones de toneladas anuales, mientras que en el último quinquenio el aumento se ha desacelerado hasta unas 500.000 toneladas al año. Es decir, China sigue lider, pero compra de otra forma, con más integración y con más músculo industrial propio.
Esto obliga a releer toda la cadena. Ya no basta con vender toneladas. Ahora importa quién asegura suministro, quién entrega calidad homogénea, quién cumple trazabilidad, quién tiene logística fiable y quién puede colocar la fibra en segmentos menos vulnerables al vaivén del ciclo papelero. La fibra se ha vuelto estratégica porque el mercado castiga más la dependencia y premia más la fiabilidad. Eso vale para Brasil, pero también vale para Galicia y Portugal.
Brasil, Chile y Uruguay ya están jugando a otra cosa
El mejor termómetro no está en los discursos, sino en las inversiones. En el repaso de Fastmarkets Latinoamérica 2025, Brasil aparece con una producción estimada de 27 millones de toneladas anuales en 2024. Chile se sitúa en el eje CMPC-Arauco, con 4,9 millones de toneladas en CMPC y entre 3,2 y 3,7 millones en Arauco. Uruguay, con UPM, ronda los 3,5 millones de toneladas proyectadas. A eso se suman proyectos de gran escala, Project Natureza de CMPC, con 2,5 millones de toneladas anuales previstas en Brasil si recibe luz verde; el proyecto Sucuriú de Arauco, valorado en 4.600 millones de dólares; y UPM Paso de los Toros, con una inversión de 3.470 millones de dólares.
El mensaje de fondo es más importante que las cifras aisladas. Las grandes compañías ya no hablan solo de capacidad. Hablan de integración vertical, estabilidad de costes, mejora tecnológica, productos de mayor valor y resiliencia frente a clientes cada vez más exigentes. En la propia conferencia se insistió en que ya no basta con producir más volumen, el foco está en integrar procesos, mejorar eficiencia y capturar más valor en cada eslabón. Incluso se señaló que cerca del 25% de la producción mundial de pulpa opera al coste o por debajo de él, lo que deja poco espacio a productores sin ventaja estructural.
Por eso Brasil, Chile y Uruguay no son solo competidores en volumen. Son la avanzadilla de un nuevo modelo. El que entiende que la madera no se compra únicamente, se planifica. El que entiende que la celulosa no termina en la bala de pasta. Y el que entiende que la rentabilidad futura estará más ligada a la calidad de la fibra, al coste forestal, a la logística y a la especialización que al simple tonelaje.

La presión sobre la madera cambia toda la cadena
Aquí está probablemente el punto más incómodo para quien siga pensando en clave de commodity. La madera empieza a escasear en sentido estratégico. En el artículo sobre Suzano y Brasil se recogen varios datos muy reveladores: según FAO, en los últimos 30 años el consumo mundial de madera habría crecido un 28%, mientras la disponibilidad solo aumentó un 4%. En Brasil, desde 2018, la superficie plantada de eucalipto aumentó un 10%, hasta 7,5 millones de hectáreas, pero el consumo de esa fibra creció un 26%. Y, según la referencia de Afry citada allí, las nuevas fábricas contribuyeron a duplicar el precio del eucalipto entre 2021 y 2023.
Si la base forestal crece menos que la capacidad industrial, el recurso pasa a tener prima estratégica. Y cuando eso ocurre, la ventaja ya no está solo en el coste de fábrica. Está antes, en el monte, en la productividad, en el transporte, en la estructura de propiedad y en la capacidad de movilizar madera con continuidad. De hecho, en otro análisis publicado en FMF se subraya que, en Brasil, la madera y el transporte suponen dos tercios del coste variable de los productores de fibra de eucalipto. Al mismo tiempo, se ha ampliado el diferencial de costes entre fibra larga y fibra corta, reforzando la posición competitiva de esta última.
Para Galicia y Portugal, esta parte del mensaje es central. Un territorio con buena productividad forestal, puerto cercano, industria consumidora, trazabilidad y capacidad de gestión puede valer más en el nuevo escenario que otro con más hectáreas pero menos control sobre la cadena. Aquí el eucalipto bien gestionado deja de ser una cuestión secundaria: se convierte en una infraestructura económica.
Nuevos usos, nueva demanda, más valor para la fibra corta (BHKP)
La segunda gran novedad es que la fibra ya no depende únicamente del papel tradicional. La demanda nueva está empujando desde varios frentes. En el texto de Portal Celulose se destaca el auge del dissolving pulp para viscosa, lyocell y otras fibras textiles sostenibles; también la valorización de lignina y otros usos ligados a biomateriales y biocombustibles. El mensaje es claro: la madera ya no entra solo en tissue, impresión o embalaje. Entra cada vez más en textil, química renovable y materiales avanzados.
Y ahí aparece una noticia especialmente relevante para el eucalipto. Suzano está empujando Eucafluff como pulpa absorbente de eucalipto para productos higiénicos desechables. En su web explica que esta fibra ofrece mejor distribución del líquido, menor riesgo de fugas, mayor absorción, mayor compactación y, además, permite reducir costes de envase, transporte y almacenamiento. La compañía también publicita una inversión de 490 millones de reales para ampliar la capacidad de fluff hasta 440.000 toneladas. No estamos hablando de una mejora marginal: estamos hablando de la entrada de la fibra corta en nichos que antes parecían reservados a otras materias primas.
La propia crónica de Fastmarkets iba en esa dirección. Allí se destacaba el avance de las pulpas absorbentes de eucalipto y la tendencia fiber-to-fiber: sustituir fibra larga de coníferas por fibra corta de eucalipto en aplicaciones donde antes no se contemplaba esa opción. Ese punto es crucial. Porque cuando la fibra corta gana usos nuevos y, además, mantiene ventaja de coste relativa, el eucalipto deja de ser “la fibra barata” para convertirse en “la fibra versátil”. Y esa transición cambia por completo la forma de valorar el monte y la industria asociada.

La oportunidad para Galicia y Portugal no está en copiar a Brasil
Galicia y Portugal no van a competir con Brasil por escala. No pueden, y tampoco lo necesitan. La oportunidad está en construir una cadena atlántica fiable, trazable, próxima al cliente europeo y orientada a productos de más valor añadido.
Portugal ya ofrece una pista importante. En los resultados anuales de 2024 de Navigator se recoge que, en Europa, la demanda de hardwood pulp creció un 13% y la de fibra corta de eucalipto un 12%, sostenida por segmentos como papel de impresión y escritura, tissue y packaging. Es una señal útil: incluso en un continente con costes más altos y regulación más exigente, la fibra corta de eucalipto mantiene demanda fuerte cuando se integra bien en una cadena industrial sólida.
Galicia, por su parte, no parte de cero. En tu propio análisis de Fastmarkets Latinoamérica 2025 ya señalabas tres claves: mejora de rentabilidad para cortas bien planificadas, necesidad de orientar producción a nichos de mayor margen y ventaja de la trazabilidad para cumplir con EUDR. Esa lectura sigue siendo válida. El mercado premia cada vez más a quien puede demostrar origen, calidad y cumplimiento. Y en Europa eso vale dinero.
Nuestra lectura es que la fachada atlántica ibérica tiene delante una ventana clara. No para venderse como una réplica pequeña de Brasil, sino para hacer algo que Brasil no puede hacer igual, proximidad al mercado europeo, menor distancia logística, trazabilidad más sencilla, mejor encaje regulatorio y posibilidad de especialización en fibras, pulpas y transformados de más valor. Para eso hacen falta varias cosas a la vez, más movilización de madera, más gestión profesional, más seguridad jurídica, más integración monte-industria y menos complejo a la hora de defender la función económica del eucalipto cuando está bien ordenado y bien gestionado.
El error sería seguir discutiendo como si nada hubiese cambiado
La lección de Brasil, Chile y Uruguay no es que haya que plantar por plantar ni fabricar por fabricar. La lección es otra: la fibra forestal está ganando peso estratégico en la economía global, y los territorios que sepan leerlo antes tendrán ventaja. La madera competitiva, trazable y disponible será cada vez más valiosa. Y la fibra corta de eucalipto, por su coste, su productividad y sus nuevos usos, está en el centro de esa historia.
Galicia y Portugal tienen monte, conocimiento, industria, puertos y mercado cercano. Lo que necesitan es pensar la celulosa no como un debate viejo, sino como una cadena de valor del futuro. Porque eso es exactamente lo que ya están haciendo otros. Y, en este nuevo escenario, llegar tarde también tiene coste



















