El eucalipto como chivo expiatorio de todos los males

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No es una estrategia de país, es una simplificación del país

Réplica al artículo publicado en economía digital por Marcelino Fernández Mallo  Ver artículo

Hay artículos que no describen la realidad, la sustituyen. El texto de Marcelino Fernández Mallo sobre el eucalipto entra bastante en esa categoría. Bajo una apariencia de reflexión estratégica, lo que ofrece en realidad es una lectura muy simplificada del monte en Coruña y Lugo, de la propiedad forestal y de la propia economía forestal. Se puede discrepar del eucalipto en determinados lugares, pedir orden, exigir límites y reclamar más protección en espacios sensibles. Todo eso entra dentro de un debate serio. Lo que ya no resulta serio es convertir al eucalipto en causa única, en culpable moral y en atajo retórico para explicar problemas estructurales que vienen de mucho más atrás.

La primera expresión que chirría es esa apelación a una supuesta “estrategia solvente de país”. Sería de agradecer que se concretase qué significa exactamente. Si hablamos de una ordenación del territorio con criterios técnicos, rentables y jurídicamente viables, perfecto. Si de lo que se trata es de decidir desde arriba qué debe plantar cada propietario y en qué proporción, entonces ya no estamos ante una estrategia solvente, sino ante una tentación de planeación decenal bastante vieja y demostrada fracasada.

La propia Ley 11/2021 de recuperación de la tierra agraria de Galicia parte de otra lógica. Reconoce el abandono, la fragmentación, la mezcla desordenada de usos, y plantea como principios la movilización de la tierra, la rentabilidad y la sostenibilidad, no una especie de planificación agraria de despacho.

Rus.Carballo
Rus.Carballo

El abandono del rural no lo inventó el eucalipto

Atribuir la pérdida de actividad agraria en Galicia al eucalipto es una simplificación demasiado cómoda. El problema del rural gallego es anterior y bastante más profundo. Centrándonos  en Coruña y norte de Lugo, en minifundio, dispersión parcelaria, propietarios desligados del campo, falta de base territorial suficiente, baja movilidad de la tierra y una economía de servicios que ha absorbido población durante décadas ya que en las aldeas no había alternativas. Ese es el marco de fondo. Está en la propia exposición de motivos y en los objetivos de la ley gallega de recuperación de la tierra agraria, que identifica el abandono y la desestructuración de usos como un problema estructural del territorio rural, no como el efecto automático de una especie concreta.

Por eso conviene distinguir entre causa y consecuencia. En muchas zonas, el eucalipto no crea el vacío agrario. Ocupa parte del vacío dejado por la retirada de la actividad agraria. Y eso podrá gustar más o menos, pero es una diferencia decisiva. Quien quiera discutir con honestidad sobre usos del suelo en Galicia tiene que empezar por ahí.

Mientras no haya explotaciones competitivas, escala suficiente, relevo generacional, logística y mercado, la nostalgia agraria seguirá siendo eso, nostalgia.

La soberanía alimentaria queda muy bien en un titular

La apelación a la “soberanía alimentaria” tiene una potencia emocional indudable, pero bastante menos precisión económica. Galicia debe reforzar su base productiva allí donde sea viable, sin duda. Lo que no parece razonable es utilizar ese concepto como si bastase invocarlo para convertir el rural en una suma de olivar, pistacho, aguacates, frutales, leguminosas y huerta fresca. La tierra no cambia de uso a golpe de artículo. Para que un cultivo exista hacen falta fincas aptas, propietarios dispuestos, inversión, mano de obra, agua cuando proceda, industria que recoja y mercado que pague. Sin eso, la soberanía alimentaria se convierte en una forma idealista y elegante de no decir nada.

La propia norma gallega liga la recuperación de tierras a explotaciones viables, a base territorial suficiente y a una ordenación de usos coherente. No dice que el campo gallego pueda rehacerse con voluntarismo retórico. Dice algo bastante más exigente y bastante más realista.

Cerdido
Cerdido

Cuando se habla del eucalipto en Galicia, en realidad se habla sobre todo de A Coruña y del norte de Lugo

Otro error habitual en este debate consiste en hablar de “Galicia” como si todo el territorio respondiera al mismo patrón forestal. No es así. Los datos oficiales de la Axencia Galega da Industria Forestal muestran que el aprovechamiento del eucalipto está muy concentrado territorialmente. En las solicitudes de corta de 2025, A Coruña concentró el 56 por ciento del volumen de eucalipto y Lugo el 22 por ciento. Pontevedra quedó en el 7 por ciento y Ourense en el 1 por ciento. Además, en el informe sectorial de XERA se señala que en 2025 las cortas de Eucalyptus spp predominaban especialmente en distritos como Ferrol y Bergantiños-Mariñas Coruñesas. En otras palabras, cuando se habla del eucalipto en Galicia, en realidad se está hablando sobre todo del norte de las provincias de A Coruña y Lugo. En Ourense, su peso sigue siendo marginal.

Y en Pontevedra el cuadro es distinto. No solo porque el aprovechamiento de eucalipto está muy lejos del peso que tiene en A Coruña y Lugo, sino porque allí la presencia de montes vecinales en mano común es especialmente relevante. La propia Xunta recuerda que el 21,7 por ciento de la superficie gallega de montes vecinales en mano común se sitúa en Pontevedra. Hablar del eucalipto gallego como si Ourense, Pontevedra, A Coruña y Lugo fuesen una misma realidad forestal no ayuda a entender nada. Solo ayuda a exagerar.

Los márgenes de Ence no se discuten con adjetivos

Hay otra parte del argumento que tampoco se sostiene demasiado. La insinuación de que toda la política forestal responde a abaratar la materia prima para engordar márgenes empresariales. Si se quiere hablar de márgenes, lo razonable es mirar cuentas. Ence publica información financiera detallada y auditada. En 2025 registró 747,3 millones de euros de ingresos, EBITDA de 83,5 millones y un resultado neto negativo de 54,5 millones. Su informe de cuarto trimestre de 2025 recoge además producción de pasta en Pontevedra y Navia, con 392.435 toneladas en Pontevedra y 556.148 en Navia durante el ejercicio. Podrá discutirse la estrategia industrial de la compañía, pero no parece muy riguroso resumirla en una caricatura sobre beneficios asegurados por una conspiración de oferta barata.

Si se quiere comparar a Ence con Altri o Navigator, hágase con balances, cash cost, deuda, integración industrial y exposición a mercado. Lo demás no es análisis empresarial. Es una forma de llegar a una conclusión antes de empezar a mirar los números.

Eucaliptos, castaños y robles en Bergondo
Eucaliptos, castaños y robles en Bergondo

Fragas do Eume merece protección, pero también seriedad

En espacios como Fragas do Eume, la exigencia debe ser máxima. Ahí no hay mucho que discutir. Pero incluso en ese terreno convendría pedir un poco más de precisión. Cuando se plantea retirar o restringir aprovechamientos en zonas concretas, la pregunta no puede acabar en el eslogan. Hay que añadir quién paga, cuánto paga, con qué calendario y mediante qué instrumento jurídico. Porque ordenar el territorio tiene costes. Y esos costes no desaparecen por escribir con tono solemne.

Lo mismo ocurre con la insistencia en eliminar eucalipto de determinados ámbitos sin entrar en el detalle de la propiedad. En Galicia, hablar de monte es hablar de miles de titulares, de parcelas pequeñas y de derechos de propiedad que no se borran con una consigna. Quien reclama sacrificios ajenos tiene la obligación mínima de explicar el precio de su propuesta.

Invasora, pirófita y paisaje

También sería deseable un poco más de rigor en el uso de determinadas etiquetas. Que el eucalipto sea una especie alóctona no ofrece discusión. Otra cosa es usar el término “invasora” como si estuviésemos ante una calificación jurídica ya cerrada y pacífica para las especies plantadas en Galicia. El propio dictamen oficial del Ministerio recuerda que Eucalyptus camaldulensis, E. globulus y E. nitens no están actualmente incluidas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aunque el comité científico se pronunciase sobre su peligrosidad e invasividad. Ese matiz importa. Y bastante.

Con “pirófita” pasa algo parecido. Utilizado así, en bloque, funciona más como palabra de combate que como herramienta útil de política forestal. Y en cuanto al atractivo paisajístico, entramos ya en un terreno claramente subjetivo. A unos les gustará más una frondosa caducifolia, a otros un pinar y a otros un eucaliptal bien gestionado. Convertir el gusto personal en criterio definitivo de planificación territorial no parece la mejor forma de ordenar nada.

Ourense no necesita abandono preventivo

La propuesta de actuar “de manera preventiva” en Ourense también merecería traducción. Si se está hablando de ordenar con cabeza, evitar errores y vigilar una expansión indeseada en zonas concretas, de acuerdo. Si la idea consiste en prohibir por sistema antes incluso de evaluar cada realidad local, volvemos a lo mismo. La prohibición como sustituto del análisis. Y eso suele acabar dejando detrás más abandono que paisaje.

Ourense no necesita un abandono preventivo vestido de ecología. Necesita gestión, alternativas reales y claridad sobre qué usos son sostenibles y rentables en cada zona. Lo demás vuelve a sonar a consigna.

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Lo que dice realmente Europa

A veces se invoca a la Unión Europea como si hubiese llegado para bendecir una única visión del monte. Tampoco es así. La Estrategia Forestal de la UE para 2030 busca mejorar la cantidad y la calidad de los bosques europeos, reforzar su protección, restauración y resiliencia, pero al mismo tiempo subraya sus funciones socioeconómicas y su papel para mantener zonas rurales vivas y una bioeconomía forestal sostenible. La Comisión publicó en 2023 directrices sobre “closer to nature forestry” y sobre esquemas de pago por servicios ecosistémicos forestales, pero lo hizo como orientación, no como receta uniforme para ignorar la estructura de propiedad, el clima, la industria y la realidad productiva de cada territorio.

Por eso no tiene mucho sentido copiar alegremente modelos centroeuropeos o nórdicos sin mirar antes el terreno que pisamos. La Galicia del minifundio, la propiedad fragmentada y la fuerte concentración del eucalipto en el norte de A Coruña y Lugo no se parece a la estructura forestal de Austria, Alemania, Eslovenia, Suecia o Finlandia. Tomar ideas de fuera es útil. Pretender trasplantarlas sin más, bastante menos.

El problema no es el eucalipto, es la falta de rigor

Se puede defender que el eucalipto debe limitarse en ciertos ámbitos, que hay que ordenar mejor el territorio y que hace falta proteger con más firmeza determinadas zonas. Todo eso cabe en una discusión seria. Lo que ya no cabe tan bien es usar el eucalipto como comodín ideológico para explicar el abandono del rural, la debilidad agraria, la falta de soberanía alimentaria, la supuesta avaricia industrial y hasta la decadencia paisajística del país.

Cuando el debate se construye así, deja de hablar del monte real y empieza a hablar de un enemigo simbólico. Y el monte gallego, por suerte o por desgracia, no se arregla con enemigos simbólicos. Se arregla con propiedad movilizada, con gestión, con industria, con límites donde correspondan y con rentabilidad donde sea posible.

El monte gallego necesita criterio, números y respeto a la complejidad del territorio. No sermones disfrazados de estrategia de país.

 

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